Mi madre está muy cachonda y con ganas de sexo

Las voces de Laura me desconcertaron por completo, no obstante cuando vi asistir por la portería que daba acogida a la residencia a un negro completamente pelado, portando únicamente unas oscuras lañas de sol que le tapaban los agujeros, y se me quedaba observando detenidamente con expresión de fraude, entonces me sentí defectuoso. Allí estaba yo, en pelota picada tratando de taparme las cortedades con las adaptaciones adentro de una cárcel, entretanto más allá de las enrejadas, un negrazo de casi dos metropolitanos de alto me miraba con una gravedad que casi asustaba, mientras tanto mi compañera seguía la escenita con semblante de quedarse divirtiendo de lo excelente. Me fue irrealizable no fijarme en la herramienta que portaba el ignoto entre las pantorrillas, un bocado de grelo casi tan grueso como una de mis muñecas y más de un palmo de largo. ¡¡¡joder!!! Ahora lo empezaba a comprender todo. Aquello no era una verga. Aquello era una cubeta de cabeza cola de dos litros. Pasó por ante de mí sin ni dirigirme la voz con la larga y oronda minga bamboleándose entre sus perniles entretanto caminaba en línea al sofá adonde mi compañera seguía arrodillada en talante provocativa, y al verlo un poco más de cerca, no pude a salvo que considerar que el fulano era macaco como un leviatán, sin embargo calzara similar cachiporra entre las ancas.

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Laura se quedó unos momentos observando la enorme pita del negro y a ringlera se colocó en cuclillas entre las ancas de este. Luego, con una inconfundible elocución de reconcomio, agarró con entreambas partidas aquella descomunal vara y comenzó de nuevo a chuparla como si en ello le afuera la edad. Esta sucesión, desde mi forzado encierro podía contemplar como la jeta de mi marida tenía serios compromisos en incluir aquel bálano, pues nos encontrábamos justo de frente. Pero Laura era una experta mamadora, como me lo había acreditado en abundantes baratas, y progresivamente, encontró la guisa de tragarse el ignorante pito del negro mientras tanto que de sucesión en cuando levantaba la ojeada para reparar que yo seguía el progreso de la secuencia con atención. Pasados unos minutos, con la picha del tal Alex brillando a inteligencia de la ensalibación que le daba Laura, este comenzó a flanquear con entusiasmos de grupas a las largas escurridas que mi parienta le propinaba, y yo ahora me agarraba el pene con fortaleza viendo como se la hundía a mi parienta totalmente en la hocica entretanto esta se la agarraba por la almohadilla con una pasada entretanto le masajeaba los zigotos con la otra.

Así se mantuvo durante unos minutos en los que Laura volvía a alborotar y gimotear de apariencia que parecía que estuviese teniendo un clímax permanente, y el negro apretaba los dientes y seguía metiéndole con energía los dedos de modo que todo el comité de ella se movía ahora sobre el penco, sin embargo ya se sujetaba reciamente con entre ambas zarpas en la parte prelación del mismo. Pero al parecer, esto no era suficiente para el vástago de mi marida, luego yo ahora me veía obligado a estancar la broza que me hacía en inhóspito en el interior de mi cárcel a razón de lo alborotador que me había aovado la ofuscación de notar a mi cortesana follada de aquel singular modo sobre el metijón ruano. Sin parar él mete costal que actuaba con ambos dedos de la zarpa costada en el chocho de Laura, colocó la derecha en el centrocampista de sus cachas y con el pulgar de esta empezó a boicotear sobre el culo de mi marida incluso que consiguió iniciar a confesarse ataque por su interior. En solo unos instantes, Laura inmediatamente berreaba de nuevo a querella del placer que le daban los dedos interiormente del chocho, y el regusto que le debía de valer aquel dedo pulgar que ahora se hundía en su huesito dulce aun el artejo. Yo no podía más, tuve que sujetarme con la garra a uno de los palitroques de la caja y estancar un santiamén mi masturbación, de no ser así hubiera abandonado huir toda la calostro que desde hacía recorridos se acumulaba en mis cigotos y pugnaba por zarpar debido a la morbosa imagen que estaba protagonizando mi señora adherido con su negro de arriendo.

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